
En un mundo donde el K-pop ya reina supremo y los demonios parecen el próximo gran crossover, Netflix nos regaló en junio de 2025 KPop Demon Hunters, una película animada que fusiona el brillo de los idols con la adrenalina de la caza sobrenatural. Producida por Sony Pictures Animation en colaboración con Netflix Animation, esta joyita creativa surgió de las mentes de Chris Appelhans y Hannah McMechan, con un equipo que incluyó a veteranos de Disney y DreamWorks para pulir esa estética visual tan pulcra y adictiva. El presupuesto, aunque no desvelado del todo, se estima en torno a los 80 millones de dólares, gran parte invertida en un diseño de personajes que captura la esencia hiperrealista de los grupos como Blackpink o BTS, pero con un twist demoníaco que hace que cada fotograma sea un festín para los fans. Y hablando de fans, el impacto de su banda sonora es lo que realmente la catapulta a la estratósfera: el soundtrack debutó con cuatro singles simultáneos en el Top 10 del Billboard Hot 100 –»How It’s Done», «Golden», «Soda Pop» y «Takedown»–, un hito histórico como la primera banda sonora en lograrlo, superando incluso a Frozen o Guardians of the Galaxy. Estas canciones no solo acumularon miles de millones de streams en Spotify y YouTube, sino que impulsaron un boom en las acciones de las «Big Four» del K-pop (HYBE, JYP, SM y YG), con subidas del 15% en una semana, demostrando cómo una peli como esta no solo entretiene, sino que mueve mercados enteros. Ah, y un dato curioso: la versión sing-along, lanzada en cines limitados en agosto de 2025, incluyó proyecciones interactivas donde el público podía coreografiar las rutinas con luces LED sincronizadas, convirtiendo las salas en mini-conciertos y vendiendo merchandising como locos –camisetas, pósters y hasta peluches de demonios con orejitas de gato–. Pero vayamos a lo jugoso: Sony, que originalmente desarrolló el proyecto como una IP propia, terminó vendiendo los derechos a Netflix por lo que parece un chiste –dicen que por menos de 20 millones, al peso de la pela, como si fuera un lote de camisetas fallidas en un mercadillo–. ¡Y ahora mira! Netflix se está forrando con views globales que superan los 500 millones en las primeras semanas, spin-offs en merchandise que incluyen hasta una línea de cosméticos «demon-proof» y un tour virtual de la película que recauda fortunas en NFTs. Es como si Sony hubiera regalado el boleto de lotería ganador a cambio de un café; uno casi oye las risas en los pasillos de Los Gales, mientras Netflix cuenta billetes con una sonrisa de oreja a oreja. Por supuesto, todo esto es puro entretenimiento calculado: una máquina de generar hype diseñada para que compres el álbum, el póster y el tique al cine, sin pretensiones de arte profundo, pero con la astucia de saber que, en 2025, lo que vende es lo que brilla y lo que rima. Y hablando de brillar, el final de la película deja un cliffhanger magistral –con una grieta dimensional que sugiere una invasión demoníaca a escala global–, abriendo la puerta de par en par a una secuela que, sorpresa, ya fue anunciada para 2029, con promesas de más cameos de idols reales y un presupuesto duplicado. Si eres de los que ama ver cómo Hollywood (o mejor dicho, Streamlywood) reinventa fórmulas para maximizar ganancias, esta es tu droga perfecta: ligera, adictiva y con un gancho que te deja tarareando «Takedown» por semanas.
Las protagonistas de KPop Demon Hunters son el corazón latiendo de esta fantasía pop: Rumi, la líder carismática y vocalista principal, interpretada con una voz prestada de una estrella emergente del K-pop como una versión ficticia de IU; Mira, la rapera feroz y coreógrafa implacable, con un flow que evoca a Jessi pero con colmillos; y Zoey, la maknae dulce pero letal, cuya dulzura esconde un arsenal de hechizos ancestrales, reminiscencia de la inocencia letal de NewJeans. Estas tres forman el grupo ficticio «Huntrix», un trío que ha conquistado charts mundiales con hits pegajosos, pero su verdadero origen se remonta a una infancia compartida en Seúl, durante un entrenamiento para llevar adelante ser cazadoras de demonios y defender la barrera mística que evita la invasión demoníaca a este plano de la existencia. Para lo cual usan musica. Muchos han sido los tríos de cantantes que han realizado esta labor, siempre buscando la canción perfecta que consolide la barrera y la vuelva impenetrable, para siempre. Trabajando bajo la tutela de un manager excéntrico (voz de un comediante coreano que roba escenas con su cinismo), Rumi era la huérfana ambiciosa que soñaba con escenarios; Mira, la rebelde de barrio que canalizaba su ira en rimas afiladas; y Zoey, la niña prodigio ingenua. La trama general gira en torno a esta doble vida, donde Huntrix debe equilibrar la presión de lanzar nueva música a la par que busca componer la canción definitiva que selle la barrera. Y claro, en contra de ellas los demonios envían a la colección más «dorama koreano» de chicos guapos que se pueden pedir, para distraerlas y aniquilarlas. En ese orden de preferencia; que haría palidecer de envidia a los de BTS. Es una historia predecible, sí, con tropes de «chicas mágicas», pero ejecutada con tanto carisma y cariño, que olvidas que todo sirve para vender el merch: desde los álbumes de Huntrix (disponibles en Spotify con remixes extendidos) hasta apps de baile AR que simulan sus poderes. Los personajes tienen un palmo de profundidad, al igual que sus conflictos pero han sido perfilados con sumo cuidado para hacerlos 1000% funcionales. Como suele ser todo el Kpop y sus doramas, vagan verdades. Pero sobretodo es una película que no se toma demasiado en serio. Hace bien lo que sabe que hace bien y de lo demás deja que discurra a ver que sale. Las hermosas e inalcanzables Huntrix, también son tres muchachas con hábitos tan normales como tirarse en el sillón a ver tele y hacen muecas y mohines cuando están en medio de sus cosas. Al final no busca cambiar el mundo, solo hacerte bailar mientras lo salvas –y eso, en su simplicidad mercantil, es refrescantemente honesto.

Te maleas Tigroncio.... no digo nada más porque está a dos chascarrillos de los míos de ser verdad XD